Erase que se era, una vez un hermoso pajarito, que desde su bien situado nido se pasaba el día cantando y entonando trinos. La vida le sonreía y mamá pájara le suministraba toda la comidita que necesitaba. Pero un mal día, se levanto una tormenta y el pobre pajarito se calló del nido. Mojado, con hambre y lleno de barro, veía que su vida se acababa. Había sido feliz, pero la maldita tormenta acababa con su suerte y con su vida.
Pero de pronto, una vaca que por allí pasaba, hecho una monumental cagada que tapó por completo al pobre pajarito. Que se va hacer, pensó el pajarito, huele mal pero esta calentita y me guarda del frío. Poco a poco, comenzó a sentirse mejor entre la mierda, se estaba acostumbrando a ir tirando así. Un día se despertó espabilado y con ciertas energías que la mierda le daba. Así que decidió entonar aquellos cantos y gorgojeos que tan bien le quedaban en lo alto del árbol. Sacando su cabecita de la mierda, empezó su tan conocido repertorio, y tanto subieron de tono, que un gato que por allí pasaba decidió ver de donde provenían, y el pobre pajarito acabó sus días en el estómago de un vulgar gato.
Moraleja, cuando estés con la mierda hasta el cuello, no digas ni pío.







